martes, 21 de abril de 2009

UNA NOCHE DE OCTUBRE EN EL PARÍS DEL 45

de Gabriel Romano

La segunda guerra mundial ha finalizado hace muy poco. El nazi-fascismo ha sido derrotado. Y cada país trata de volver como puede a su vida normal. París lentamente trata de retomar su ritmo.
En este mediodía del 30 de octubre de 1945, dos hombres se encuentran en al café ubicado en la esquina del Boulevard Saint-Germain y la Rue St. Benoit, Uno es Marc Beigbeder, un modesto empresario de actos culturales, el otro es un habitué de este sitio, el Café de Flore.
Marc no sabe cómo decirle al otro que la cosa del día anterior por la noche, para él y su socio ha sido un fracaso y que no sólo no tiene dinero para pagarle la conferencia que ha dado, sino que su pequeña empresa deberá hacerse cargo de los vidrios, las mesas, las sillas y los muebles que la multitud ha roto. Aparte, por supuesto, de tener que pagar el alquiler del salón y la propaganda.
Finalmente se decide y explica lo que tiene que explicar. El otro, un hombrecito feo pero con aire de intelectual, que está leyendo los diarios de la mañana le dice después de escucharlo:
–Bah, puede olvidarse de mis honorarios, por supuesto. Además parece que fue un éxito.
En días anteriores, Marc había hecho publicar en Le Monde, Combat, Le Figaro y alguno más, el siguiente aviso: Conferencias Maitenant: lunes 29 de octubre a las 20,30 horas, Salle des Centraux, 8 rue Jean-Goujon (Metro Marbeuf) Jean-Paul Sartre hablará sobre “El existencialismo es un humanismo”.
La concurrencia fue tan inesperada que el propio Sartre se sorprendió cundo tuvo que abrirse paso a empujones y codazos para poder llegar a la parte delantera del salón desde donde hablaría.
De algo Marc estaba satisfecho: de este modo, Francia volvía a actualizar el problema del humanismo. Ahora de la mano de Sartre y el existencialismo.
En esta noche anterior del 29, Sartre había podido presentar al mundo, gracias a él y a su socio, su teoría y había podido responder polémicamente a otros pensadores.
Hay dos clases de existencialistas –había dicho–. En primer lugar, los que son cristianos, entre los cuales yo incluiría a Jaspers y a Gabriel Marcel, de confesión católica y, por otra parte, los existencialistas ateos, entre los cuales hay que incluir a Heidegger y también a los existencialistas franceses y a mí mismo. Lo que tienen en común es simplemente el hecho de que consideran que la existencia precede a la esencia. (Todos los subrayados son nuestros)
Luego había agregado: Cuando concebimos un Dios creador, tal Dios se asimila en la mayor parte de las ocasiones a un artesano superior; y sea cual sea la doctrina que consideremos, se trate de una doctrina como la de Descartes o de la doctrina de Leibniz admitimos siempre que la voluntad siga más o menos al entendimiento, o al menos lo acompañe, y que Dios, cuando crea, sabe perfectamente lo que crea. Así, el concepto de hombre, en el espíritu de Dios, es asimilable al concepto de abrecartas en el espíritu del industrial; y Dios produce al hombre siguiendo unas técnicas y una concepción, exactamente como el artesano fabrica un abrecartas siguiendo una definición y una técnica. Así, el hombre individual realiza cierto concepto que se encuentra en el entendimiento divino.
En el siglo XVIII, en el ateísmo de los filósofos, la noción de Dios es suprimida, pero no sin embargo la idea de que la esencia precede a la existencia. Encontramos esta idea un poco por todas partes: la descubrimos en Diderot, en Voltaire, incluso en Kant "El hombre es poseedor de una naturaleza humana”
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El existencialismo ateo que yo represento es más coherente. Declara que, si Dios no existe, hay al menos un ser en el que la existencia precede a la esencia, un ser que existe antes de poder ser definido por ningún concepto y que este ser es el hombre.
Mas tarde había afirmado: El hombre no es otra cosa que lo que él mismo se hace.
Y más adelante: No hay determinismo, el hombre es libre, el hombre es libertad. Si, por otra parte, Dios no existe, no encontramos ante nosotros valores u órdenes que legitimen nuestra conducta. Así, no tenemos ni detrás ni delante de nosotros, en el dominio numinoso de los valores, justificaciones o excusas. Estamos solos, sin exclusas. Es lo que expresaré diciendo que el hombre está condenado a ser libre.
Los asistentes, según recuerda Marc, habían escuchado fascinados esas palabras que afirman la aceptación de la finitud y el desamparo en que se hallan los hombres y que lo propiamente humano es un proyecto construido, y cumplido, en medio del vacío absoluto que significa la ausencia de Dios.
Para Sartre, según pudo entender Marc, la libertad del ser humano está tan unida a su propio devenir que nadie puede predecir, ni siquiera de modo rudimentario qué giro experimentará la Historia. Esto es que lo lleva a Sartre a rechazar el optimismo marxista.
Pero, en la noche de ayer, había manejado varios conceptos que al final se hilaron y dieron como resultado el fundamento de por qué el existencialismo no es quietismo ni pesimismo: Simplemente porque define al hombre por su acción.
Marc en este mediodía tiene la sospecha de que a partir de este momento, algo ha comenzado a cambiar.
¿Es por esto que en esta mañana del 30 de octubre, Sartre le ha dicho que la charla había sido un éxito?
En estos momentos casi toda Europa está semi-destruida y en algún sitio muchos jerarcas del nazismo esperan ser juzgados. ¿Cómo podrán justificar lo que han hecho?
De acuerdo a lo dicho por Sartre, no podrán apelar ni al principio de obediencia debida, ni podrán justificarse descargando su culpa en un jefe loco, ni podrán afirmar que formaban parte de un deseo popular ni menos todavía que estaban cumpliendo un mandato superior impuesto por una divinidad, como solían afirmar varios de ellos.
Marc sabe que la humanidad siempre ha tendido a justificarse con algunas teorías o corrientes y que pretende que estas mismas la saquen de todas sus dificultades y le den ciertas seguridades y redenciones. Llámense cristianismo, marxismo, positivismo o como se quiera.
Es por esto que en el momento de enfrentar problemas y descifrar lo que es la vida, la mayoría prefiere hacer responsables de cualquier acto a otros.
Sartre desenmascaró este tipo de justificaciones. Somos responsables.
Por otro lado, se le figura a Marc, que la tarea que queda por cumplir es enorme: Nada menos que reconstruir Europa y, tal vez, lograr un mundo un poco mejor.
Si es verdad que “el hombre es lo que hace”, cualquiera que acepte este principio podrá encontrar enormes posibilidades creativas.
A esta hora del mediodía comienza a darse cuenta del real significado de lo que ha dicho ese hombrecito casi insignificante que tiene delante.
Marc tiene casi plena conciencia de que lo que se ha dicho es el producto de haber vivido la experiencia terrible del nazismo.
De acuerdo con lo que ha escuchado, nadie puede saber qué sucederá en el futuro. Por lo tanto, cualquier promesa que hagan los políticos o los ideólogos de cualquier sector, no es más que un mero recurso demagógico para seducir incautos.
Marc sabe ahora que cada cual es responsable de los fuegos que prende.
A pesar de las pérdidas se siente orgulloso de haber sido uno de los responsable de esta noche. Sin dudarlo llama al mozo y encarga una botella para brindar por el éxito.


Bibliografía
Cohen-Solal, Annie. Sartre. Barcelona, Edhasa, 1990.
Sartre, Jean Paul. El existencialismo es un humanismo. Buenos Aires, Losada, 1977.
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3 comentarios:

RENATA-CALI dijo...

Gracias por invitarme a visitar tu pagina
me parece muy completa e interesante
pronto la visitare otra vez

RENATA-CALI dijo...

Sugerencias:
agregar la opcion de seguir esta pagina para tener directamente en mi escritorio los temas nuevos de ustedes
permitir mensajes de anonimo y de nombres libres para poder poner los comentarios que se quieran, que no se trate de solo personas que tengan perfil en blogger o en otras cuentas.
Y luego, si no es conveniente puede borrarlos
gracias

pablo leandro oreña dijo...

Gabriel Romano, gran compañero